Demasiadas veces me he encontrado a algún conocido por
casualidad, que me ha dicho que había empezado hace poco a correr, y que con el
tiempo, llevaba idea de correr una maratón. Es un gran error empezar en el
raunning con los 42.195 m
metidos entre ceja y ceja. Yo he hecho atletismo durante años, he estado en un
peso óptimo, y siempre he considerado que era una distancia mítica. Pero con
todo eso nunca me he sentido lo suficientemente preparado para afrontar esta
prueba.
Tengo que deciros a los que empezáis, que igual que el
cuerpo lo tenemos que poner en marcha poco a poco y sin prisas, con la cabeza
pasa lo mismo. Si os planteáis la maratón como objetivo, aunque sea en un plazo
no muy corto, inconscientemente comenzaréis a quemar etapas, lo cual os puede
provocar lesiones, decepciones ( la progresión puede no ser la esperada) y
cierta desmotivación ya que los entrenamientos para afrontar esta carrera son
de un nivel de exigencia brutal en lo mental y en lo físico. También tendréis
que luchar con recuperaciones de mentira, ya que no penséis que después de ocho
horas de sueño os vais a levantar sin dolores en las piernas, espalda o donde
proceda con un entrenamiento de maratón el día anterior.
Os expongo aquí una serie de principios que creo
fundamentales para poder aafrontar una maratón con garantías de éxito y sin
comprometer vuestra salud.
-Hay que
seguir el orden: 5K, 10K, media maratón... y correr varias veces en esas distancias inferiores
-Nuestro
peso tiene que hacerse idóneo para poder entrenar con la dureza que se exige
reduciendo el número de lesiones, además de soportar la competición entera
-Hay que
sacar 3-4 sesiones de trabajo como mínimo para afrontar este reto con
garantías.
-Hay que ser constante. Es
imposible mejorar en cada entreno, y sobre todo ante el trabajo duro, cualquier
cosa repercute: Haber comido poco, haber dormido poco, nuestras preocupaciones
personales o alguna molestia física. Una mala semana no quiere decir que no
estemos mejorando o que no llevemos la planificación correcta, ya que a veces
el propio cuerpo reduce sus prestaciones para recuperarse mejor.
-Ponerse en manos de un
entrenador con el que mantengamos un trato regular y conozca de primera mano
nuestras posibilidades. Ésta ya es una prueba muy seria, y desde luego que hay
planes de entrenamiento en internet muy fiables, y que en la mayoría de los
casos están hechos por gente profesional, pero un entrenador es decisivo en el
tema de la motivación y en saber cambiar una planificación sobre la marcha si
ésta no funciona. Sobre todo porque al conocer de primera mano al atleta, sabe
donde hay que modificar ciertos planteamientos.
-No sigáis a pies juntillas una
planificación por el hecho de que la siga un amigo que corre parecido. Si bien
podréis trabajar juntos varias sesiones a la semana, seguro que tendréis
aspectos a mejorar diferentes, y eso requiere que por lo menos un entreno
semanal sea individualizado. Puede que vosotros necesitéis más resistencia, y
vuestro amigo trabajar más la fuerza.
-Nunca entrenaréis en la
distancia de competición, así que si en la carrera continua notáis dolores
crecientes, ya sean musculares o articulares, debéis aplazar el objetivo, ya os
digo que a diferencia de distancias inferiores, es un volumen que nunca hacemos
entrenando, así pues si físicamente tenemos molestias determinadas, es mejor
aplazar la fecha de competición hasta que asimilemos mejor el entrenamiento.
-Haceros un reconocimiento, ya
que el corazón estará sometido durante un largo periodo de tiempo a un gran
trabajo, y es bueno saber si realmente, y sobre todo a cierta edad, puede
desempeñarlo con éxito.
En mi opinión el tiempo que debe transcurrir para que una
persona haga una maratón sin haber corrido anteriormente o viniendo de hacer
deporte uno o dos días por semana no debe ser inferior a tres años. Eso si todo
va bien respecto a lesiones y asimilación. Hablo de plazos para mí muy justos,
no pasa nada si os cuesta más.
Habrá quien me diga que en menos ha corrido una maratón y no
lo dudo, pero de lo que yo hablo es de minimizar riesgos, de disfrutar dentro
de lo que es correr 42
kilómetros, y de que después de correrlos seamos capaces
de, tras un periodo de regeneración,volver a entrenar con normalidad
Sin duda estamos ante la película más emblemática y premiada
que tiene como temática el mundo del atletismo. Por ello tiene una legión de
admiradores, pero también una buena cantidad de detractores. Estoy más con los
primeros que con los segundos, pero pienso que está algo sobrevalorada.
“Charriots of Fire” nos describe la preparación y actuación
de los atletas británicos en las Olimpiadas de París de 1.924. Se estrenó en
1.981 obteniendo cuatro oscars, mejor vestuario, música, guión y película.
También obtuvo galardones importantes como Globos de Oro, BAFTA, e incluso Ian
Holm se llevó ese año el premio de mejor actor de reparto en el festival de
Cannes. Un curriculum aplastante que ha ayudado mucho a mantener la popularidad
del largometraje.
El título es una referencia al ascenso del profeta Elías a
los cielos, que la Biblia
dice que se produce en un carro de fuego. Tiene su sentido, ya que la religión
estará presente a lo largo del film.
El principio es uno de los peros que yo pongo, ya que hay
dos flashbacks que no vienen a cuento y sólo sirven para embarullar la
presentación de los personajes. En esos primeros minutos está la mítica escena
de los británicos corriendo por la playa con la música de Vangelis de fondo.
La película avanza mostrando el camino a las olimpiadas de
los británicos Eric Liddell, Harold Abrahams, y en menor medida Andrew Lindsay.
Ese itinerario, nos muestra su amistad, sus motivaciones, sus complejos y su
manera de entender aspectos de sus vidas como la religión y el atletismo. Sin
duda este es uno de los puntos fuertes de “Carros de Fuego”, ya que estas
circunstancias se suelen presentar de una manera muy superficial en las
películas deportivas.
El director Hugh Hudson ya tenía experiencia en la temática
deportiva, ya que realizó el año anterior a este rodaje un documental sobre la
figura de Juan Manuel Fangio, el piloto argentino cinco veces campeón mundial
de Fórmula 1. “Charriots of Fire” fue su primer largo, y como también pasa con
algunos cantantes o grupos musicales, quedó sepultado por su propio éxito, ya
que en los 35 años que han seguido a esta película, Hudson sólo ha dirigido
ocho películas, de inferior calidad y popularidad todos ellas, a pesar de que
en casi todos sus proyectos ha contado con actores y actrices de relumbrón.
Quizás su siguiente título más conocido sea “Greystoke, la Leyenda de Tarzán”.
Los actores han llevado carreras diferentes: Ben Cross
(Harold Abrahams) se ha labrado una fructífera carrera con algunos éxitos
comerciales, si bien la calidad de los títulos en los que ha participado no es
muy alta en el cine. En televisión ha aparecido en dos buenas series en los
últimos años como “The Strain” y “.Banshee”. Ian Charleson (Eric Liddell)
murión e 1.990 a
causa del Sida lo que hace que su carrera sea mucho más corta. Repitió con
Hudson en “Greystoke”, y participó en otra película muy oscarizada como Gandhi.
Se centró más en su carrera teatral donde intervino en muchas obras de Sakespeare.
Nigel Havers (Andrew Lindsay) tuvo en los ochenta un par de oportunidades más
con “pasaje a la India”
y “El Imperio del Sol”, pero poquito más ha hecho posteriormente.
El guión firmado por Collin Weland tiene virtudes como la
disección de personajes, y también defectos como alguna redundancia y un exceso
de licencias narrativas, ya que algunas ayudan a hacer más entretenida la
historia pero otras no aportan absolutamente nada. Destaca también por su
trabajo de documentación, como ejemplo,
los dorsales y calles de las Olimpiadas de París se respetan totalmente.
Quizás el mayor mérito de la película consista en la diferenciación
de los caracteres de los atletas, y en el fondo en la moraleja de que se puede
ser competitivo partiendo de motivaciones y compromisos diferentes. Los tres
corredores reflejan los mayores estereotipos de los atletas de competición:
-Abrahams
es un joven ambicioso, que se transtorna con las derrotas y que está dispuesto
a hacer lo que haga falta para ganar, por lo que tiene que ir mejorando en su
gestión de la derrota, métodos de entrenamiento…. “Yo no corro para ser
derrotado” dice, a lo que su novia contesta: “Pero si no corres no puedes
ganar”. Irá mejorando esa faceta hasta ser capaz de recuperarse de una derrota
sin medalla en la final de 200 para imponerse posteriormente en el 100. En ese
camino pondrá todos los medios, incluida la contratación de un entrenador
profesional, o el estudio minucioso de sus rivales, cosa nada fácil en la época.
Es un auténtico estajanovista y en el atletismo tiene su parcela para subir una
autoestima baja debido a que es judío y se siente siempre peor trtado por ello.
-Liddell Paradigma del talento. Antes que atleta fue
internacional por Escocia en rugby, llegando a jugar en dos torneos Cinco
Naciones, aunque esto no sale en la película. A pesar de que en París corre 200
y 400. En 1.923 estableció el record británico de las 100 yardas (90 metros) dejándolo en
9,6 y en 400 llegó a tener 47,6 que s una marca asombrosa para la época. Esto
habla de lo completo que era. Como en
muchos corredores, su motivación era externa. Él corría para complacer a Dios.
“Dios me hizo rápido por un motivo; para complacerle”. Otros atletas corren por
su familia, por dinero, por evadirse de problemas… Las claves de su motivación eran contrarias a
las de Abrahams.
-Lindsay.
Personaje por debajo de los dos anteriores en cuanto a su peso en el
largometraje, pero para mi capital para redondear la historia. Es el único que
corre por diversión, porque realmente correr le hace feliz, es más le hace
feliz hacerlo con sus amigos. Se ve desde el intento de Abrahams por batir el
record de Cambridge al principio de la película, hasta la renuncia al 400 al
final del largometraje para que corra Liddell, lo cual no es del todo cierto en
la realidad. No prestaba demasiada atención a los resultados, y es el que menos
ego tiene de los tres.
En lo que es el tema atlético, se elige la Olimpiada de París que
paradójicamente es la que marca el fin del dominio británico en el olimpismo, y
dentro del atletismo. Sólo los velocistas dan la cara. Aun con esto, se rehuye
demasiado la derrota, ya que no se cita la final de 200 que es la única en la
que Liddell y Abrahams se ven las caras directamente. En esta prueba el oro y
la plata fueron para Scholtz y Paddock, y el bronce para Liddell.
La renuncia a horas de correr de Liddell al 100 es una
licencia narrativa creo que innecesaria, ya que eso se supo mucho antes, y
desde luego no fue por motivos religiosos ya que el escocés disputó muchas
pruebas en domingo a lo largo de su carrera.
Los métodos de entrenamiento de Abrahams, los más
profesionales, me dejan muchas dudas de su veracidad, ya que hay pocos datos
sobre los entrenos de velocidad de la época. Sin duda la escena más llamativa
es la de Lindsay que se pone vallas en su casa con una copa de champán e
intenta no derramar ni una gota. Esto también es una licencia, pero en este
caso sirve para explicar el carácter del futuro lord inglés.
Me gustaría destacar también esa brevísima referencia al
ídolo de París, “el finlandés volador” Paavo Nurmi que consiguió cinco oros en
las pruebas de fondo. En “Carros de Fuego” aparece cruzando la meta en la
prueba de obstáculos como ganador. En esta prueba acaba sexto el narrador de la
película, íntimo amigo de Abrahams, Aubrey Montague al que vemos caerse en un
obstáculo.
Muy logrado también está el clima precompetitivo en un
vestuario que se nos muestra antes de la final de los 100 m, donde se respira
tensión silencio y concentración. Así
como la preparación en la salida, donde los atletas contaban con su paleta para
escarbar un agujero en la tierra donde apoyar el pie para obtener más impulso
en la salida. Ahora los tacos de metal se encargan de eso.
En “Charriots of Fire”
hay números musicales incluidos en la historia, que a diferencia de
otras producciones, además de para el entrenamiento y la competición, se
emplean para explicar la camaradería y el espíritu de equipo. Más habitual es
el uso de la cámara lenta en el transcurso de las carreras.
Posturas diferentes también bien planteadas se ven en dos
cuestiones mayores a lo largo del film. Por un lado la religión y por otro el
profesionalismo.
Respecto a la segunda cuestión. La sociedad de los años 20,
y la de bastante tiempo después, ve el deporte como un complemento de la
formación del espíritu. El deporte todavía era patrimonio de militares y caballeros. En décadas sucesivas
servirá como medio para progresar socialmente. Si bien es cierto que tener una
actitud profesional no significa serlo, no lo es menos que el dinero ha hecho
que en muchos casos el deporte pierda su auténtica esencia y su sentido. En eso
años 20 también se defiende la no renuncia a la vida social por la competición;
los olímpicos ingleses beben y fuman.
Así pues “Carros de Fuego” es de visionado imprescindible
para los aficionados del atletismo y el running, una película algo
sobrevalorada como obra artística, aunque es de una calidad muy notable, pero
de incalculable valor para conocer el atletismo de una época tan lejana y
carente de testimonios y documentación.
En el atletismo de distintos niveles es ya muy difícil
obtener una gran marca corriendo en solitario. Igual de complicado es corriendo
con rivales de la misma entidad, ya que ir en cabeza de un grupo supone un
desgaste que en la mayoría de los casos se paga con un mal crono o un puesto
por debajo de lo esperado.
En competiciones de máximo nivel se comenzó a usar liebres
en la década de los cincuenta. Roger Bannister (primer atleta en bajar de
cuatro minutos en una milla) de hecho contó con ellas a lo largo de su carrera.
Hoy son prácticamente imprescindibles en el atletismo de alto nivel para lograr
marcas de gran calidad. Incluso en competiciones por países, sobre todo en las
carreras de fondo, grandes estrellas como Morcelli o El Gerroug, han hecho uso
de sus paisanos para limpiar las carreras y no verse abocados a la lotería del
último 400.
Con el auge del running el uso de liebre se ha extendido a
las carreras populares, si bien de una manera muy distinta, ya que no se utilizan
para llevar a la cabeza de carrera, si no para llevar los ritmos adecuados para
que corredores normales consigan mejorar sus marcas teniendo una referencia. En
las 10 K por ejemplo suele haber liebres para 40 minutos y de ahí de cinco en
cinco..
La cuestión de las liebres siempre ha estado a debate.
Algunos consideran que alteran la pureza de la competición, y no deberían estar
permitidas, otros que no deberían optar a la victoria así como los que las
consideran un corredor más y por ello con derecho a optar a cualquier premio.
Mi opinión depende del escenario más que de la función que
realiza una liebre. Me parece comprensible su existencia en la alta
competición, incluso más justificable en los grandes eventos por países, donde
se ha criticado el uso de atletas de segunda fila para esta labor. Lo veo con
más sentido porque al fin y al cabo el corredor en cuestión se ha clasificado
para una final, que normalmente termina, y de manera oficial no cobra por ese
trabajo. En mitines la liebre sabemos de antemano que no va a terminar, por lo
que cobra por alterar la carrera, es alguien que no tiene intención de cruzar
la meta, lo que éticamente es cuestionable. Ahora bien no me parece mal en
absoluto el uso de front-runners en este tipo de pruebas, ya que se da un mayor
espectáculo, pudiendo competir en grandes marcas.
Es en las carreras populares donde no me gusta la presencia
corredores que marquen un ritmo por varias razones.
La primera es que en muchas de las competiciones el corredor
encargado de marcar un ritmo es un atleta de prestigio, por lo que la
organización le paga en algunos casos una cantidad de dinero por ir muy por
debajo de sus posibilidades. Pagar a un atleta de élite por correr poco no me
parece algo muy popular. De esta manera se promociona más la marca publicitaria
que lleva a cabo el evento que la propia carrera. Es decir aquí hay un objetivo
de fondo que está por encima de aquelllo que nos venden de ayudar a la gente a
marcarse su ritmo etc, etc.
La segunda es el escalón de tiempos. Cinco minutos es algo
muy amplio. Por ejemplo, Tu marca es 48 minutos, pero has entrenado mejor que
cuando conseguiste tu marca, aunque no por mucho. Lógicamente el corredor en
cuestión intentará salir a ritmo de la liebre de 45 aunque piense que está para
hacer 47. Se dirá frases como: “dos minutos no es tanto”, “aguanto lo que pueda
y luego cojo mi ritmo”…. Pero lo cierto es que esas cosas no suelen pasar, y
muchos no logran mejorar en la competición paradójicamente por excederse
tratando de seguir a la liebre.
La tercera por la que no estoy a favor de liebres en
carreras populares tiene más que ver con la mística con la que entiendo yo el
mundo del running.
Entiendo que correr sin un afán competitivo es un acto de
libertad, de fundirte con la naturaleza, de conocer tu cuerpo y guiarte por tus
sensaciones. Eso no quiere decir que vayamos a ciegas, como ya he escrito en
alguna ocasión no hay que ser esclavo del crono, pero si ayudarse de él para
conocernos mejor. Por eso mi filosofía runner es salir a superarse disfrutando,
optar por un ritmo, por el conocimiento de tu cuerpo, saber meterte en el grupo
que te interese e ir a relevos, o aguantar ahí como se pueda. Tanta tecnología
y ayuda exterior no van con mi manera de entender esto.
Así que amigos, igual que sacamos a nuestro perro normal y
corriente al parque sin una liebre a la que dar caza, sólo los canes entrenados
para ello las persiguen en sus competiciones, y nos contentamos con que vayan a
buscar un objeto que lanzamos, y sin meterles prisa y presión para ello. Salgamos
a correr a nuestro libre albedrío y dejemos las liebres para los galgos.
La técnica es algo muy importante en el mundo del atletismo
pero que a mi juicio se descuida bastante en el mundo del running. No sólo nos
ayuda a mejorar y optimizar así nuestros entrenamientos, si no que además puede
evitar o retrasar ciertas dolencias.
Es importante realizar un calentamiento mínimo de 10 minutos
de carrera, acompañados de 3-4 minutos de movilidad articular y 3-4 minutos de
estiramientos suaves antes de incia este trabajo técnico.
Si bien hay múltiples ejercicios vamos a poner aquí los más
esenciales y menos agresivos para los principiantes, ya que una mala técnica
realizando un ejercicio técnico no es para nada recomendable.
1-Andar de puntillas 20 metros.
2-Andar sobre talones 20 metros
3- Skipping normal. Tirando mucho con los brazos, codo
contrario arriba de la rodilla que elevamos. Intentamos subir mucho rodillas.
Sería ideal hacerlo con la mayor frecuencia posible, pero en los inicios, mejor
centrarse en subir rodillas, trabajar fuerte con los brazos, y la coordinación
tren superior tren inferior. 10-15sg
4- Skipping hacia atrás.. Tenemos que tocar con los talones
en los glúteos. Lo cual no siempre es fácil para quien empieza o tiene cierta
edad, así que adonde lleguemos. Para realizar mejor este gesto sería
conveniente que echáramos el tronco hacia delante. 10-15sg
5-Carrera lateral.
Brazos de delante a atrás y viceversa en cada zancada. 20 metros con cada
pierna. (nos referimos a cambiar la pierna de avance).
6-Skipping con una pierna. Siempre elevamos la rodilla de la
misma pierna, subiendo codo contrario y echando el otro hacia atrás con fuerza.
20 metros
con cada pierna.
7-Pasos rusos. Corremos de puntera hacia delante sin tirar
de brazos y sin flexionar rodillas. 20 metros
8-Segundos de triple. Grandes zancadas, buscando avanzar lo
máximo posible. 12-15 zancadas en las primeras sesiones. Este es el ejercicio
más duro de los ocho
La recuperación entre cada ejercicio puede ser 30-40
segundos, con lo que esta práctica nos llevaría unos 10 minutos aproximadamente.
Si se hace dos veces este pequeño circuito con parar 3-4 minutos es suficiente.
Es muy importante realizar estiramientos durante al menos 15 minutos al concluir
esta tarea.
El calzado es un elemento fundamental en cualquier práctica
deportiva, ya que un tipo inadecuado, no sólo provoca que el rendimiento no sea
el óptimo, si no que puede provocar lesiones.
Primero elegiremos siempre zapatillas propias de la
actividad que realizamos, en este caso correr. Dentro de ese abanico también se
nos abren diferentes posibilidades dependiendo de la superficie, la pisada, el
tipo de uso, las características físicas del corredor….
Empezaremos valorando nuestro propio estado físico. A mayor
sobrepeso elegiremos unas zapatillas de mayor amortiguación, para absorber más
eficazmente los continuados impactos y así evitar lesiones.
La superficie donde vamos a desarrollar la actividad también
es importante. Si elegimos terreno montañoso, elegiremos zapatillas de trail
que son muy resistentes, aunque más pesadas y menos rápidas, mientras que si
trotamos por parques y asfalto seleccionaremos unas zapatillas mixtas.
También puede cambiar nuestra decisión si queremos
zapatillas para competir. Normalmente son muy livianas y benefician un impulso de la parte delantera
del pie, lo que nos hace ganar velocidad. Yo no recomendaría esto a corredores
de dos o tres días por semana ya que este calzado está pensado para gente con
una buena técnica de carrera y buen nivel competitivo. De hecho atletas de gran
nivel si no están en gran forma compiten muchas veces con zapatillas de
entrenamiento.
En una planificación de dos tres días a la semana se puede
trabajar perfectamente con zapatillas neutras, que son la mayoría. No obstante,
si tenéis molestias sin grandes cargas, o notáis que el pie se va hacia adentro
en la carrera (pronación) o hacia fuera (supinación), usad entonces zapatillas
de esas características.
Partiendo de que un dinero invertido en calzado nuca es un
dinero pérdido, no es necesario irse a lo más caro del mercado, si bien es
importante que nuestras zapatillas nos den una cierta seguridad de calidad.
No os dejéis guiar a ciegas por recomendaciones de amigos a
la hora de elegir, ya que seguramente tendréis diferencias de estado de forma,
de peso, de apoyo, de potencia…. Tenéis que guiaros por vuestras propias
sensaciones. Lo principal que tenemos que valorar en este caso es la comodidad.
Para elegir convenientemente, es bueno que nos probemos los
dos números más cercanos a nuestras necesidades. Comprobaremos que el talón
este bien fijado, que tengamos libertad para mover los dedos y a su vez que
podamos recoger el índice y el gordo. El momento ideal para probarlas es la
última hora de la tarde, ya que tendremos el pie más dilatado por el paso del
día. Lo mejor también es que llevemos lo calcetines con los que practiquemos la
actividad.
Las zapatillas también tienen que tener un cuidado. No es
recomendable meterlas a la lavadora, mejor limpiarlas con jabón neutro y un
cepillo de uñas. Recordad también que el calzado de running tiene una
caducidad, que normalmente se sitúa alrededor de los 1.000 km, o traducido: Si
salís tres días a la semana 6-8 meses, aunque esto depende de muchas cosas. Es
importante que tengáis esto en cuenta aunque no haya un desgaste visible en las
deportivas.
Hay muchas zapatillas en el mercado de diferentes marcas y
de gran calidad, así que como ya os he dicho antes, me parece atrevido realizar
recomendaciones ya que cada corredor tiene unas características diferentes. Lo
mejor es que acudáis a tiendas donde contéis con ayuda especializada
Haile Gebreselassie Ha sido uno de los más grandes fondistas de todos los tiempos. Aquí repasamos brevemente su vida.
No puede ser escribir sobre alguien como Gebreselassie, y que parezca que estás escribiendo las instrucciones de un horno, tantos minutos, segundos y fechas…. ¿Para qué?.Todo eso con este mundo virtual está al alcance de cualquiera. Posiblemente estemos hablando del mejor fondista de todos los tiempos y eso da mucho respeto, pero también hablamos de unos valores y un estilo de vida, y lo más importante de una sonrisa eterna.
Quizás “gebre” aprendió a sonreír el primer día que tuvo que ir al colegio andando y descalzo allá por los 70, o cuando decidió abrazar el atletismo, allá por julio del 80, escuchando las hazañas en la Olimpiada de Moscú de su compatriota Mirus Yifter que logró el doblete en 5.000 y 10.000 metros. Puede ser que esa sonrisa fuera la expresión de su cara cuando con doce años tuvo sus primeros zapatos, pero lo que está claro es que en los años 90 esa expresión ya le acompañaba. Muchos pensaron que era propia de la victoria, una sonrisa de triunfo, hasta que llegaron los días en que le vimos perder más a menudo que antes, casi una década después, y esa mueca de felicidad seguía acompañándole.
Nunca jamás, dijo este hombre de 1,65 que corría para ganar. Él mantuvo en cada entrevista que con el atletismo tenía la esperanza de conseguir una vida mejor al igual que otros compatriotas, y que corría casi por necesidad, que su cuerpo le demandaba correr cada día.
Recuerdo cuando lo ví ganar en 1993 el mundial de 10.000 con una polémica enorme ya que piso al keniata tanui que tuvo que concluir la prueba descalzo, y que le acusó de haberlo hecho intencionadamente. Ni con eso perdió la sonrisa y siempre se mantuvo en su sitio.
Desde entonces una lluvia de campeonatos, olimpiadas incluidas, y de records cayeron ante las piernas más rápidas del fondo mundial. -Recordemos que el etiope tiene 3,31 en 1.500, lo que demuestra que en el fondo de alto nivel, decir que alguien es lento es faltar el respeto-. Pero el tiempo pasa para todos y además están las lesiones que empezaron a relegar al gran “gebre” a principios de este siglo, pero este atleta incansable decidió después de su última final olímpica en Atenas operarse del tendón de Aquiles y pasarse a la maratón.
Esa época significo un redescubrimiento para sí mismo, empezó a cuidar temas que cuando dominaba a todos no hacía como los masajes y el gimnasio, hasta que hoy cuando aconseja a la gente que quiere correr con asiduidad, se los recomienda. Por supuesto la maratón le planteaba otro reto, ¿Se pueden correr 42,195 km sin perder la sonrisa?.
Rápidamente comprendimos que sí, y que incluso se podía correr esa distancia en menos de 2,04 horas sin perderla. Aunque en esta prueba esté posiblemente la mayor espina que tiene clavada Hallie Gebreselassie, ya que nunca fue de la partida en una Olimpiada, algo muy duro cuando te levantas en Adis Abeba a las 5 de la mañana para realizar tus trotes de 35 km.
Estos entrenos también reflejan la personalidad de este deportista al que su padre quería hacer pastor de cabras, y que corría sólo y casi en ayunas, sólo un poco de pan y té antes de salir, algo que va casi en
contra de todos los sistemas. Esto por ejemplo no lo recomienda a los que se
inician en el correr.
Llegó también su rueda de prensa más dura, esa del 11 de
mayo del 2015 en la que anunció su retirada con toda una declaración de intenciones. “Me
retiro de la competición, no de correr”. De momento está cumpliendo su palabra.
Sale a correr todos los días, porque, según dice, su cuerpo se lo demanda.
Además está implicado en un proyecto científico que estudia las posibilidades
del ser humano para bajar de las dos horas de maratón y organizará una carrera
en Adis Abeba con música de la región durante el recorrido y una gran
parrillada final.
Durante toda su vida Hallie Gebreselassie también ha sido un
gran lector de obras políticas y es un confeso admirador de Nelson Mandela, lo
que también es un ejemplo de que a pesar d la dureza del deporte profesional,
se puede sacar tiempo para realizarse como ser humano y adquirir una mayor
cultura.
Un hombre a una sonrisa pegado, que transmitía pasión por su
deporte y que siempre se acuerda de los practicantes de a pie. Se despidió del atletismo, pero nunca dejará
de correr, porque algo que se hace con cara de felicidad nunca cansa del todo.
No es esta una canción que hable de atletismo, pero si habla de correr, de escaparte de tu propio yo, de salir de un mundo claustrofóbico, de amor. Además por si fuera poco le da título a este blog, ya que su traducción es "nacido para correr" Bruce Springsteen escribió este clásico a principios de 1.974 y lo grabó en los 914 Sound Studios en Blauve, New York a finales de ese mismo año. Se incluye en "Born to Run", tercer disco de "el jefe" publicado en 1.975. Es una carta de amor a una tal Wendy, y en la letra nos habla de escapar del pueblo en que viven. Utiliza muchas metáforas sobre el mundo de la carretera y los coches. En el fondo podríamos definirla como una "road song". Springsteen define Born To Run como un canto a la libertad, y yo no puedo estar más de acuerdo, no sólo por la letra, si no por lo que es su composición y nervio en lo estrictamente musical. En eso es donde se distinguen los genios, en esa concordancia entre lo que cuenta la letra y lo que transmite la música. Creo que la primera vez que la escuché, no me acuerdo muy bien porque hace ya muchos años, en ningún momento me puse a traducir la canción, y sin embargo me transmitía una sensación de energía y unas ganas de comerme el mundo increíbles.
Tambíén tiene la virtud este corte de llevarte a su época esos 70 de chupas de cuero y jóvenes que van de duros. Esos honestos años 70 donde se aceptaba con naturalidad que el canalla se llevara a todas de calle y el sensible no se comiera una rosca, ese mundo que luego recreó Grease por ejemplo. Ahora Hollywwod hace parecer de vez en cuando que los jóvenes sensibles tienen más opciones y salvo que encuentren otra alma atormentada, eso no corresponde para nada a la realidad. Los malotes nunca pasarán de moda. Esta es una de las pocas canciones prácticamente innegociables en los conciertos de Bruce, siempre colocada en la parte final de su setlist, Suele ser el punto álgido del directo, ya que todas las luces se ponen a tope, y es de las pocas en que hay algo de trabajo visual, cosa rara en Springsteen que siempre se ha centrado en la música a la hora de dar calidad y personalidad a sus increíbles directos (estos días por cierto podéis comprar las entradas para sus conciertos de mayo en España). Esto tiene la ventaja de que de un directo para otro es capaz de cambiar el repertorio casi en su totalidad. Born To Run siempre me levanta el ánimo, siempre me devuelve la ambición, siempre me hace sentirme capaz de todo, siempre me da ganas de salir a correr, así que cuando pierdas la motivación recuerda que "los golfos como nosotros hemos nacido para correr" y al jefe siempre hay que hacerle caso.